En el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto queremos recordar el experimento de Stanley Milgram.

Cuando, a finales de los sesenta, Adolf Eichmann fue juzgado por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen nazi, todo el mundo se preguntó cómo era posible que una persona llegara a cometer tales atrocidades a millones de personas inocentes. Sin embargo, cada vez que preguntaban a Eichmann por qué lo hizo, él siempre respondía: “cumplía órdenes”. Fue entonces cuando un psicólogo social norteamericano, Stanley Milgram empezó a preguntarse si cualquiera podría llegar a cometer semejantes crímenes sólo por obedecer a la autoridad.

Para responder a la pregunta, Milgram diseñó un experimento para comprobar si cualquier persona seguiría las órdenes de una autoridad y daría descargas eléctricas a personas inocentes.

A través de anuncios en un periódico, Milgram seleccionó a un grupo de hombres de todo tipo de entre 25 y 50 años, a quienes pagó 4 dólares y una dieta por desplazamiento por participar en un estudio. Pero, para evitar influencias sobre los resultados, Milgram no dijo a los participantes que el experimento trataba sobre la obediencia a la autoridad, sino que los hombres pensaban que iban a participar en un estudio sobre “la memoria y el aprendizaje”. Cuando cada participante llegaba al laboratorio se encontraba con el experimentador (vestido con bata blanca) y con otro “participante” (que en realidad era un cómplice del experimentador). El experimentador explicaba a ambos que uno de ellos debería hacer el rol de maestro y el otro de alumno, y que ésto se elegiría al azar. La tarea del maestro consistiría en leer series de palabras al alumno para que las memorizara. Además, si el alumno fallaba en alguna de las palabra, el maestro debía de darle una descarga eléctrica, la cual iría aumentando su potencia en 15V según el alumno fuese cometiendo más errores. Entonces ambos participantes sacaban un papel de una caja en el que ponía escrito qué rol correspondía a cada uno – estos papeles estaban manipulados, es decir, en todos ponía maestro, pero el participante real no lo sabía y el cómplice decía que le había tocado el rol de alumno.

Una vez distribuidos los roles, los tres hombres se dirigían a una sala en la que el experimentador ataba al alumno a una silla (para evitar movimientos excesivos) y le colocaba electrodos en los brazos aplicando primero una crema (para evitar ampollas). A continuación el experimentador hacía probar al maestro una pequeña descarga, para que creyera que las descargas eran reales (aunque en realidad no lo fueran) y se dirigían ambos a otra sala adyacente. En esa sala el experimentador explicaba al maestro el funcionamiento de la “máquina de descargas” y comenzaba el experimento.

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A medida que el experimento avanzaba, el alumno (cómplice) se equivocaba en algunas palabras y el maestro le iba administrando las descargas. Con cada descarga el alumno emitía sonidos de dolor, que poco a poco se iban convirtiendo en gritos,  quejas y golpes. Al llegar a la descarga de 75V el maestro empezaba a ponerse nervioso y a dudar del experimento, pero el experimentador siempre respondía “continúe, por favor”, “siga, por favor”, “el experimento necesita que usted continúe”, y los sujetos seguían con el experimento y las descargas. Sin embargo, a partir de 180V el alumno comenzaba a gritar más y a decir que no podía soportarlo; a los 270 su grito era de agonía; y a partir de los 300V dejaba de responder. Durante todo este tiempo, cada vez que el maestro dudaba, el experimentador siempre le repetía las mismas frases anteriores.

Los resultados que se obtuvieron con el experimento fueron sorprendentes. Todos los sujetos llegaron a dar descargas de 300V al alumno, y más de la mitad (65%) llegaron incluso a la descarga de 450V. Así, Milgram concluyó que la mayoría de las personas, ante una figura de autoridad a la que consideran legítima, responden con total obediencia, sean cuales sean las consecuencias, explicando así por qué Eichmann siempre respondía que él solamente “cumplía órdenes”.

 

Aquí dejamos el enlace de un vídeo para que se entienda mejor cómo funcionaba el experimento y la “máquina de descargas”:

 

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